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Carl Tanzler y el amor convertido en obsesión mórbida



En ciertos casos, hay un punto en el que la atracción sexual, el cariño afectivo y el amor se transforman en una obsesión que no nos deja vivir en sana paz. No diré que todos, pero sí la mayoría de los seres humanos, hemos sentido en algún momento de nuestras vidas, obsesión por alguien. Por lo general, personas inseguras de sí misma, de baja estima propia y con  una visión idealista y hasta romántica de la vida son las más propensas a sufrir esta enfermedad del alma, tal cual fue el caso de Carl Tanzler y su amor por Helena Milagros de Hoyos.

Tanzler era nativo de Alemania, era médico, poseía nueve títulos universitarios, había trabajado como técnico de rayos x y se consideraba inventor, y a los 50 años, en el año 1927 dejó a su esposa y sus dos hijas y emigró a los Estados Unidos, a las costas de la Florida, donde comenzó a trabajar en el hospital de la Marina, a partir de año 1934. Antes había estado también en Australia y pronto trajo a su mujer e hijas a radicarse con él en su nuevo hogar. Desde muy joven, Tanzler afirmaba que recibía las visitas de una familiar suya ya muerta, la Condesa Anna Constantia Von Consel, quien según él, le reveló el rostro del amor de su vida: una exótica mujer de cabellos negros. 


Al poco tiempo de haber traído a su mujer, de nombre Doris, se separó de ella. Ben Harrison, uno de los historiadores de este hecho, describe a Tanzler en esta época como:
“Un hombre de cincuenta años, imaginativo, inventor práctico, científico, mago electricista y a veces, un mentiroso ingenioso quien ya había comenzado a mezclar la realidad con la fantasía, en busca de la amante de sus sueños”

Debido a este ligero trastorno, Carl se convirtió en un hombre solitario.  

Helena Hoyos
El 22 de abril de 1930 llega al hospital de la marina, una joven cubana de apenas 22 años, hermosa de cabellos negros, de nombre Helena Hoyos, en quien Carl descubre la mujer de sus amores, según le había revelado su familiar muerta.

La tos de la que hace referencia era uno de los síntomas de la enfermedad con la cual la diagnosticó: tuberculosis, una enfermedad terrible y casi que mortal para la época.

Convenido de que Helena era el amor que el destino le deparaba, Tanzler se obsesionó por ella y comenzó a profesarle su amor y empezó a darle regalos, como joyas, pero nunca hubo evidencia alguna de que ella retribuyera a su amor. Desesperado, y con la intención de salvarla de la muerte, Tanzler propuso a sus familiares el empleo de tratamientos novedosos que podían curarla. Estos se componían de uso de hierbas, químicos e incluso rayos X, los cuales nunca antes habían sido probados. La familia, desesperada para salvar a la muchacha autorizó el empleo de estos métodos y el personal del hospital, aun con dudas, cooperó con el doctor, convencidos por sus nueve títulos (que según él, tenía). Pero nada de esto funcionó y Helena finalmente murió en casa de sus padres, el 25 de octubre de 1931.

Con el corazón destruido, Tanzler mismo pagó todos los trámites fúnebres de la pobre Helena y con la autorización de la familia, que estaba conmovida por el afecto que el doctor le tenía a su hija, construyó un mausoleo donde depositó los restos de Hoyos y secretamente le inyectaba químicos que aletargaban el proceso de descomposición de su cadáver.

Nadie sabía que Tanzler había mandado a hacer una llave del mausoleo y que todas las noches visitaba a Helena y no solo eso, también había mandado a poner un teléfono para llamarla cuando él no podía visitarla, elemento este de la historia del cual dudo. Carl declaró posteriormente que él le cantaba serenatas al cadáver de Helena y que ella se le aparecía cuando éste le cantaba su canción favorita. Von Cossel (otro apellido usado por Carl), dijo que sostuvo largas conversaciones con el fantasma de Helena, quien supuestamente le confesó su amor y en repetidas ocasiones le pedía que la sacara de su tumba. 


Helena en 1926


Así pues, una noche de  abril de 1933,  Tanzler fue al cementerio con un vagón de juguete y sustrajo el cadáver de Helena de su sepulcro y se lo llevó a su casa. Unió los huesos de la muerta con alambres y perchas y llenó el vacío de sus cavidades oculares con ojos de vidrio y a medida que piel se descomponía, la remplazó con seda mojada en cera y yeso. Con los cabellos que caían de su cráneo muerto, le hizo una  peluca para ocultar su calvicie natural de muerta. La cavidad abdominal y el pecho de Helena, fueron rellenados por Tanzler con harapos para mantener la forma original de su cuerpo esbelto y además la vistió con medias, joyas y guantes, y dormía con ella a su lado. Su hedor era ocultado por Carl con el uso de perfume, desinfectantes y agentes preservadores para hacer más agradable su permanencia junto al cuerpo.

Ocho años transcurrieron y tras un largo periodo de tiempo de no ver a Carl visitar la tumba de Helena, comenzaron a correr rumores extraños. Florinda, la hermana de Helena pidió a las autoridades permiso para abrir el mausoleo y al penetrar en él descubrieron que el cadáver estaba ausente. Confrontó a Carl de forma airada quien finalmente hizo pasar a Florinda a su recámara donde con horror vio el cuerpo reconstruido de su hermana, el cual había sido retocado tantas veces, que ya perecía un maniquí de sí misma. 

Cadáver de Helan Hoyos al ser encontrado


Obviamente la hermana denunció al médico quien fue sometido a juicio. La noticia se dio a conocer rápidamente y contrario a lo que se podría pensar, el público se puso de lado de Carl y su amor, tan poderoso,  que había traspasado los límites de la muerte y lo habían llevado a cometer un acto prohibido, tan solo para estar cerca de su amada.

El caso rebasó los parámetros de lo moral, cuando las autoridades exhibieron al público, el cadáver de Helena, quien no solo había tenido que sufrir la obsesión enfermiza de un pobre desequilibrado, la profanación grosera de su cuerpo sino que ahora sufría de la póstuma humillación y alimento del morbo pueblerino. Tras nueve años, la pobre Helena seguía sin descansar en paz. 

Exhibición pública del cadáver de Helena


Mientras tanto, a Tanzler se le realizó un examen psicológico donde se le declaró MENTALMENTE SANO, para ser sometido a juicio bajo la acusación de “haber destruido una tumba y removido un cuerpo sin motivo y sin permiso” pero el caso fue desestimado y Tanzler liberado porque el plazo de prescripción había expirado. 

Detalles del Cadáver de Helena


El cuerpo de Helena fue entonces sepultado en una locación secreta y Tanzler absuelto de todos los cargos, siguió su vida, obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1950 y en 1953 murió, su cuerpo fue hallado tres semanas después de su muerte tirado en el piso. Nunca se curó de su obsesión, de hecho fabricó un maniquí, que era una réplica exacta del cadáver de Helena y con él vivió el resto de sus días. Por sus antecedentes nunca  más consiguió trabajo y pudo mantenerse gracias a la contribución de Doris, su esposa. Aunque usted no lo crea.

La historia es real, hay testigos que certifican que el cuerpo de Helena fue expuesto públicamente, hay certificados del juicio y hay fotografías, de hecho el mismo Carl publicó en una revista, el escrito “Los Secretos de la Tumba de Helena”, un artículo de 70 páginas donde narra todo ese episodio de su vida. Por supuesto que al ser una historia asombrosa y bastante interesante, usted encontrará la misma en diversas páginas del internet, donde se topará con  varios hechos que no fueron nunca jamás comprobados.

Uno de ellos es la muerte de Carl, de quien se dice fue hallado en los brazos del maniquí que es construyó, pero su obituario afirma que fue encontrado tirado en el suelo, ya en franca descomposición, detrás de uno de sus órganos (el instrumento). 

Tanzler y el maniquí


Otra leyenda afirma que el cuerpo de Helena no fue el que enterraron en un lugar secreto sino que para aliviar el dolor de Carl, las autoridades intercambiaron el cadáver con el maniquí por lo que Carl habría muerto en posesión del cuerpo. Pero un examen al maniquí reveló que este no tenía ningún tipo de material humano, era hecho solo de materiales no encontrado en seres vivos.

Y finalmente, aunque este caso es frecuentemente catalogado como necrofilia, sobre todo por los sensacionalistas, que abundan en todas partes sin que internet sea una excepción. Este caso no califica para necrofilia, en primer lugar porque no hay pruebas de que Carl hubiese tenido algún tipo de intercambio sexual con el cadáver. En otros artículos usted leerá que Tanzler introdujo un tubo de papel en la vagina de Helena para poder practicar el sexo, pero la primera referencia a este elemento de la historia fue publicado por dos forenses que examinaron el cuerpo de Helena en 1940, pero lo hicieron en el año 1972, más de treinta años después de lo sucedido. Además, ninguna referencia contemporánea al hecho mencionó tal episodio. No  hay en realidad, ninguna evidencia de necrofilia en el caso de Carl Tanzler. 

El Mausoleo que fue el hogar del cadáver de Helena por dos años


No hubo necrofilia en esta historia, tan solo un triste destino para ambos protagonistas de la misma. Por un lado, la pobre Helena, muerta en la flor de la vida y la belleza, con solo 22 años y toda una vida por delante, de una enfermedad terrible y que sufrió el triste destino de ser el objeto de una obsesión enferma, luego su cuerpo fue profanado y sometido al espectáculo y el morbo de toda una población, y aun al día de hoy, los interesados en su historia, solo buscan los detalles de su triste destino póstumo.

Por otro lado, Carl, que bien podría ser prejuzgado como un loco demente, un pobre diablo que perdió la cabeza desde su refugio de “forever alone”, él también sufrió un triste destino, se condenó a sí mismo (porque nadie nos obliga a obsesionarnos) a la soledad y frustración del amor obsesivo, a la incompresión de sus semejantes y al juicio duro de las generaciones futuras que ven en él a un loco necrofílico y no a un ser tan sentimentalmente atormentado, que terminó enamorado del polvo muerto de su ser amado.

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Por Alex Ulacio


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