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enero 31, 2014

El Doctor Knoche, su fascinante historia.



La mitología de espantos latinoamericanos es vasta, especialmente en Venezuela, donde aun se mantienen en pie la creencia de la existencia de espectros como la Llorona, el silbón, la sayona, la dientona, el jinete sin cabeza, se cree en brujas y duendes y en otras manifestaciones paranormales de heraldos del terror. También abundan las casas embrujadas, pero de todas ellas, tal vez ninguna tenga la celebridad de la antigua hacienda Buena Vista del doctor Gottfried Knoche, ubicada en Galipán, Estado Vargas y de la que se dice que de noche se escuchan los lamentos de los muertos tocados por el doctor Knoche.

Conocí de este caso gracias a una canción rock de una leyenda de ese género en Venezuela, Paul Gillman. Aquí su historia.


El doctor Gottfried Knoche nació en Alemania en 1813 cuando nuestro país se encontraba en plena guerra por la independencia y  llegó a él en 1840 estableciendo residencia en La Guaira, luego de graduarse de médico en la Universidad de Friburgo. En un principio se dedicó a atender a los inmigrantes alemanes en Venezuela, pero luego de recibir la reválida de su título en 1845 extendió su clientela a los nativos venezolanos, llegando a atender a los más pobres sin cobrarles nada, refundando el Hospital San Juan de Dios y participando activamente en el combate contra la epidemia de cólera que azotó al país en la década de 1850. A Knoche le gustó tanto Venezuela que se trajo a su mujer e hijos a vivir con él.

Hasta ahí, nada extraordinario con este doctor. ¿Qué hizo que hoy llama la atención? ¿Qué hizo para que después de más de cien años de su muerte se siga hablando de él?

Bien, el principal mérito del doctor fue inventar un método revolucionario para la momificación, proceso mediante el cual el cuerpo se conserva intacto luego de la muerte y para el cual, en todos los procedimientos hasta ahora conocidos, es primordial extraer las vísceras. No en el de Knoche, quien inventó una fórmula que se inyectaba en la yugular de los fallecidos y quedando éstos momificados para siempre.

Parte de la Hacienda Buena Vista


Los cuerpos no reclamados durante la guerra federal eran el objeto de experimentación de Knoche, quien los montaba en una mula y se los llevaba desde la morgue del hospital hasta su hacienda en Galipán para momificarlos.

La primera de sus célebres momias fue la de Tomás Lander, figura de la política venezolana en su momento, cofundador con Antonio Leocadio Guzmán del Partido Liberal. Sus familiares le pidieron el embalsamiento y pusieron la momia, ataviada, sentada en su antiguo despacho, en la entrada de su casa, donde permaneció cuarenta años hasta que en 1884 el gobierno obligó a sus familiares a enterrarla. No se conservan fotos de esta momia. 

Otra momia célebre fue la de José Pérez, soldado que falleció de neumonía en el hospital de la Guaira en 1869. Como el cuerpo del soldado no fue reclamado nunca, el doctor Knoche se lo llevó a su hacienda, lo momificó y lo puso en la entrada de su despacho, como el “Guardián” del mismo y después fue puesto en la entrada del mausoleo familiar, para “resguardarlo” de los profanadores. De esta momia es de la que se conservan más fotos, ya que muchos visitantes se fotografíaban a su lado, como quien se fotografía con un nativo de una tribu que se visita.


La momia en cuestión es la de José Pérez

Pero no hay dudas de que la momia más célebre es la de Francisco Linares Alcántara, expresidente de la República, fallecido en ejercicio de la misma de una complicación pulmonar en la antigua casa de la compañía Guipuzcoana. Se dice que la momia estuvo en poder de Knoche hasta que fue incinerada y trasladada al Panteón Nacional.

El presidente Francisco Linares Alcántara

Knoche no solo momificó humanos, le inyectó la fórmula a perros y gatos a los que le daba un aspecto amenzante y los ponía en puntos estratégicos en los linderos de la hacienda para espantar a los visitantes. Al morir dejó dosis preparadas para él y sus familiares, siendo su última voluntad que su prima y enfermera Amalie Weismann le inyectara el suero momificador. Fue ella la última habitante de la hacienda, pasando en ella veinticinco años de soledad, rodeada de momias, siendo tildada como la bruja del Ávila, quien hablaba con los pajaritos y antes de morir expresó que su última voluntad era ser incinerada y que sus restos se lanzaran al mar, pero al morir ella en 1926, el propio cónsul alemán le inyectó el suero momificador. Hoy día, muchos visitantes aseguran que Amalie se aparece en los alrededores de la hacienda.



Una vez abandonada la casa, esta fue saqueada por visitantes y estudiantes de medicina que buscaban analizar las momias o encontrar la misteriosa fórmula; también se decía que el doctor había dejado enterrada una cuantiosa fortuna y este era también un motivo que atraía a los visitantes. Lamentablemente, los estragos fueron tantos que ya no queda ninguna de las momias y la hacienda se encuentra en total abandono.

La leyenda cuenta que uno de los cuerpos se negó a ser embalsamado y en el camino al laboratorio su cabeza se desprendió de su cuerpo quedando imposibilitado de ser momificado. Otra leyenda dice que el espíritu de todas las momias rondan los alrededores de la hacienda en la noche.

En cierta ocasión, uno de los visitantes encontró una botella extraña, quiso calmar su sed y creyendo que se trataba de una bebida alcohólica se la tomó de un sorbo quedando momificado de una vez y para siempre como para siempre quedó sepultada la fórmula mágica, pues aquel trago que quedaba era su último vestigio. 

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